Caveat Emptor

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“Caveat Emptor” forma parte de una doctrina cuya traducción del latín es “que el comprador tenga cuidado”. En los ámbitos legales y comerciales es conocida y aplicada esta regla; antes de comprar se revisa minuciosamente toda la información pertinente al producto y el producto mismo, el servicio o contrato, con lujo de detalles porque después no hay lugar a reclamos.

Una consecuencia de esta noción es que una vez que el comprador y el vendedor han acordado los términos del intercambio, la responsabilidad por cualquier falla o daño causado por lo adquirido recae enteramente en el comprador. O sea que si existe un engaño o falsedad y no se percibió con anticipación queda a cargo del comprador.

 

Por ejemplo, antes de comprar una casa será mejor revisar la instalación eléctrica para que al encender la luz funcione bien, no surja un accidente y evitar tener que llamar al electricista para que venga mañana mismo. O cuando contratamos 10 sesiones de kinesiología, y no preguntamos, nos encontramos con que duran exactamente 5 minutos, no incluyen los elementos necesarios ni proveen el ambiente adecuado ni el profesional idóneo, etc.   

 

Extendamos los límites y evaluemos nuestra responsabilidad (Caveat Emptor) incluso moral que se supone tenemos como consumidores: si ha comprado una hermosa camisa de cierta compañía Ud. es responsable, en muchos casos, de que un niño de 14 años pase 12hs. por día trabajando por unos céntimos; o por el daño ecológico que han producido las tinturas y químicos utilizados durante el proceso de producción de dicha camisa. Nuestro consumo, nuestra compra ha financiado ese proceso con un gran porcentaje de “información asimétrica” o sea el vendedor sabe todo esto pero, claramente, no lo comparte con el comprador. O sea, engaña.  

 

Letra pequeña, garantía a plazo determinado (que luego no se cumple), curvas legales, párrafos que no se entienden, publicidad engañosa, bulos, promociones falsas, triangulaciones, prospectos, etc. son “detalles” que pasamos por alto, como si nuestras adquisiciones, materiales o intelectuales no tuvieran consecuencias. 

Y atención, esto es válido además para casi todo: servicios, seguros, clubes, escuelas, profesionales, cursos, contratos matrimoniales, alimentos, remedios, vacunas… 

Cada adquisición tiene serias consecuencias, aún morales, por eso, hay que tener cuidado al comprar ya que tiene un impacto en el alma, en la espiritualidad, en la educación, en el contacto con el Creador y además eventualmente, en el niño que confecciona la prenda que Ud. usa.

 

Como personas alertas y comprometidas con el crecimiento personal, concientes y en supuesta evolución espiritual, debemos superar esa “asimetría de información” con un conocimiento más profundo de lo que está por ingresar de una forma u otra a nuestra vida. Pedirla, demandarla. Ya sea un bien material, emocional, intelectual o espiritual.

 

En la misma línea de jurisprudencia, igual de abandonado que “Caveat”, pero anterior y más preocupado por lo mental que por lo material, encontramos el concepto hebreo de “Geneivat Daat”, el “robo” de las ideas, pensamientos, sabiduría, conocimiento, es decir, engañar a alguien y, por lo tanto, hacer que tenga una suposición, creencia o impresión erróneas. El término se utiliza en la Halajáh (o ley judía) para indicar engaño, trampa, crear una impresión falsa y adquirir buena voluntad inmerecida. “Geneivat Daat” va más allá de la mentira y no se trata de cualquier prohibición. Toda palabra o acción que impulse a que otros lleguen a conclusiones incorrectas transgrede en forma directa esta norma. 

 

A tal punto que el Rabi Iona de Gerona (1180-1263), en su obra Sha'arei Teshuvá, compara el robo de una propiedad física al engaño “Geneivat Daat”. “El alma de una persona”, explica, “es parte del Todopoderoso mismo, la encarnación de la verdad perfecta y sin adulterar. Participar en una conducta engañosa contamina esta cualidad piadosa del alma y, por lo tanto, constituye una transgresión sumamente grave, más severa que el robo de una propiedad física material”.

Habrá que tener esto en cuenta si queremos derrotar al mal. 

 

"Antes de que el mundo de la verdad pueda venir, el mundo de las mentiras debe desaparecer" - Rab Avraham Yitzchak Kook (1865-1935)

 

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