El Alma siempre Sabe

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En la búsqueda de la realización personal existen múltiples caminos a recorrer en diversos campos de la actividad humana. 

El científico y formalmente habilitado ámbito “psi”, por ejemplo, ha introducido variantes de toda clase, desde el psicoanálisis hasta la hipnosis regresiva, incluyendo las más modernas exploraciones cognitivo-conductual hasta lo transpersonal.

De forma incipiente y con fresca energía, los aspectos místicos, tan vapuleados e ignorantemente desmerecidos en forma global durante siglos han re-aparecido como “alternativa” a las rigideces establecidas dentro de la ciencia, la religión, y las reglas que imponen los poderes provisionales; que siguen siendo una imposición tácita y expresa y que no necesariamente hace feliz a las personas. 

Ante el fracaso y la insatisfacción, inexorablemente han surgido otras opciones, como la integración de la espiritualidad con métodos de índole terapéutica que han encontrado una veta - además de comercial - de profundización en sectores de la mente y el alma, que supuestamente brindarán mayor conocimiento, mejorarán, aliviarán, sanarán o elevarán al inquisitivo buscador. 

 

Tal es la falta de respuestas que sumió a la humanidad en la oscuridad durante siglos que, en estampida, los aventureros de la mente y el alma que claman hoy,  se inscriben en 17 cursos a la vez, sin disfrutar de ninguno y mucho menos de incorporar su contenido. Un explorador que se precie de tal, no puede físicamente recorrer 17 caminos al mismo tiempo, emocionalmente absorber las experiencias de 17 impresiones  diferentes durante el trayecto, y mucho menos orientarse en cada una de esas 17 direcciones sin caer en una fenomenal confusión o directamente perder el Norte. Más es menos.

 

Favorecidos por la frustración y la falta de respuesta para las necesidades del alma, estos sistemas pululan en todos los idiomas, grados de seriedad y profundidad: algunos son dirigidos por grandes y serios maestros, otros por personalidades carismáticas, otros solo atraen por una muy bien diseñada página web, por lo general incluyendo una promesa de iluminación, solución material, sorteos, etc.

Aún sin contacto presencial hallamos incontables expertos que envían por correo electrónico resultados de “tests” que evalúan y concluyen por “dónde va” el alma del cliente y qué es lo que tiene que hacer, o la confección de árboles de la vida en .pdf con “diagnóstico” (?) incluido que raya el ridículo, pero, aparentemente deja a todos muy contentos. Por lo menos un rato. Otra vez, más es menos.

 

También estamos colmados de “talleres”, “seminarios”, “cumbres, ''retiros”, “viajes”, etc. suspendidos ahora por el miedo al hipotético contagio de una enfermedad; en muchos casos reformulados online, en otros casos adaptados a las circunstancias.

Así es como miles de personas, en forma individual o grupal, atravesaron los infiernos personales de su mente, hurgaron en horribles y no superados traumas del pasado, se zambulleron en la soledad de su alma, practicaron técnicas extrañas, utilizaron herramientas sin estar preparados y  se tiraron directamente al vacío. Luego de vivenciar estas experiencias y aplaudir efusivamente al organizador simplemente se fueron a sus casas. 

Poco tiempo después, claro, las consecuencias: en una cantidad de casos creciente comprobados en la consulta (en mi caso online) la energía removida produjo tal cimbronazo que ni mayor conocimiento, ni mejora, ni alivio, ni sanación, ni elevación; sino sufrimiento en continuado, confusión, ansiedad, depresión y hasta ideas de suicidio.  

La no contención posterior de CADA UNO de los participantes de una práctica meditativa o terapéutica, que se mete con lo más íntimo de la persona,  es lo que muestra el cuidado con el cual los vitoreados organizadores manipulan el alma y el bolsillo de cada uno de sus seguidores. 

Repetimos otra vez, más es menos.

 

Entonces, como se intuye, siempre será mejor conocerse a sí mismo buscando parámetros personales dentro del contexto adecuado con honestidad, que seguir a supuestos líderes cuyo compromiso personal hacia el otro es inexistente.   

Y esto es así, además, porque el alma siempre sabe cómo curarse a sí misma. 

 

©Ruth Percowicz - Todos los derechos reservados