El Envejecimiento y la "Gerotrascendencia"

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Lev.19:32 “Delante de las canas te levantarás, honrarás el rostro del anciano, y temerás a tu Dios. Lo ordeno Yo, el Eterno.”

 

La pandemia ha dejado más que claro que para el mundo en general, ser viejo (y cuanto más viejo peor), es solo una carga social, económica y hasta familiar. 

Hemos asistido estupefactos a una continuidad de homicidios en un siniestro proceso de selección arbitrario acerca de quién vive y quién muere basado en la edad; con dirigentes cuya capacidad de decidir se limita a mantener y acrecentar su poder y economía  personal, en una pornográfica exhibición de soberbia y ego. Su habilidad satánica queda demostrada cuando -en los pocos casos en los que la palabra no ha sido aún secuestrada- se publican estadísticas informando de cuánto dinero en pensiones “se ahorrará” el Estado; sea este cual fuere. 

Con los políticos, que se supone nos siguen representando; de mejorar el mundo nada de nada. Y mucho menos de respeto por la Ley, conciencia de Unidad y madurez espiritual. 

Por si sirve de algún consuelo para el místico preocupado, a quienes les cabe la responsabilidad de no haber utilizado TODOS los recursos para salvar la vida* del último anciano pobre, enfermo y humillado, descartado en un centro de detención, deberán pagarlo caro. *(dinero, pedir ayuda, utilizar la creatividad, convocar a personas con más experiencia, unirse con otros que les fue mejor, revisar remedios naturales posibles, etc.)

 

La  teoría del “gen egoísta” (1976/Richard Dawkins), en la que postula que el  ADN hace uso de nosotros, creando un mundo de salvaje competencia, tiranía, explotación ilegal y trampas biológicas con la única finalidad de prevalecer podría traspolarse en este escenario. 

 

Cuando el cuerpo ha completado su formación y utilizado la energía al máximo de su capacidad para esta función biológica, de prevalecer y perpetuar la especie, trascendiendo los niveles de Nefesh (o el estrato más bajo del alma) y una parte de Rúaj (el nivel intermedio); el contenedor físico del alma o recipiente material entra en notable decadencia. Su función biológica más tarde o más temprano, está por cesar. 

Pero más allá de lo biológico, las experiencias y vivencias psíquicas, emocionales y mentales se integran y nutren hasta el último aliento al alma que ha evolucionado (Neshama) y  que vino a cumplir una misión. Cualquiera, incluso uno mismo, que interrumpa dicha sagrada tarea no pasará desapercibido por el Cielo.

 

Los textos cabalísticos medievales mencionan la vejez como conducente para comprender la Cábala. El “anciano” o Saba del Zohar aparece milagrosamente y tiene poderes especiales con extraordinarios conocimientos (Zohar 2:94b-114a). La estima por la vejez también aparece reflejada en la expresión “el Anciano de los Días” una de las apelaciones a Dios en la literatura mística. 

 

Entre los conceptos estudiados, encontramos que la “gerotrascendencia” (1994/Lars Tornstam) o envejecimiento según decimos hasta ahora, es el proceso de mutación de una perspectiva material y racional a una visión más cósmica y trascendente. La Torá ya lo sabía de antes.

Profundizar la sabiduría y la espiritualidad, tener la percepción de continuidad intergeneracional, la habilidad de contrabalancear pérdidas y enfocarse en lo que es verdaderamente importante en la vida, excede ampliamente la decadencia física y deja al más ignorante de los tiranos sin argumentos más que propiciar la muerte de quien sabe más, o no puede controlar, o le produce un gasto improductivo para su desequilibrada codicia.

 

Envejecer (habría que redefinir una y otra vez este concepto, que también es subjetivo), desde lo inconsciente significa hacer el balance; el momento en el que la persona ya no mira tanto para adelante y es responsable de poner muy seria y casi exclusiva atención a Sí Mismo, a su interior. Por eso, en la adultez tardía  hay una retirada espontánea del entorno exterior, ya que hay algo instintiva y naturalmente mucho más importante que hacer, que es contemplarse, contemplar la divinidad en el interior personal.

Si desde la juventud la mirada fue hacia adentro habrá menos esfuerzo, dolor y enajenación personal; la vejez será un estado natural de meditación contemplativa.

Considerar desde un primer momento la conexión cuerpo-mente-espíritu proveerá sentido a la vida, acercará a la Neshamá (la parte más elevada del alma) y evitará que todos, cuando seamos personas mayores, seamos fácilmente manipulados por poderes oscuros, envidias, desidias y arrojados a la soledad e ignominia. 

Esto se logra tomando conciencia y decisiones, a tiempo. Si no se pudo, por la razón que fuere, ahora mismo es el momento.

 

©Ruth Percowicz - Todos los derechos reservados