¡Gratis NO! (bis)

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La semana pasada, dos de mis colegas (y maestros) fueron agredidos en las redes sociales por “no contestar preguntas”. Unos en castellano y otros en inglés los “seguidores y fans” exhibieron su ignorancia -o quizás un antijudaísmo disfrazado- ante el experto y erudito que obviamente dedica su tiempo a asuntos más importantes que atender egoísmos y navegar por obscenas superficialidades.

Así, ambos maestros optaron por contestar a dichas agresiones con la altura que los caracteriza, actitud que generó -no sorprendentemente-  más irritación, con lo cual el posteo original se desmereció y terminó, para peor,  en una airada y desubicada queja por el costo de los cursos.

 

Este tema, el de que algunas personas demandan satisfacer sus necesidades y carencias personales a través del no compromiso (que incluye lo  emocional y material), es un asunto ya obsoleto para instructores y maestros en el área espiritual. 

Tiene más bien un tinte terapéutico. O sea, de pedir cita con el psicólogo y que le ayude a darse cuenta y actuar en consecuencia de que el trabajo -sobre todo el espiritual- es intransferible, no se terceriza, atañe a lo íntimo de cada quien por lo tanto exige un esfuerzo, y si el maestro no le contesta será porque no lo leyó, o no tuvo tiempo o la pregunta ni siquiera demanda consideración. ¿¡Con qué falta de respeto se dirigen a avezados educadores de lo espiritual que tienen en  el estudio y la profundización en el alma un pilar de su  existencia haciendo así el Tikún Olam, del cual los mismos  retestinados serán beneficiarios?! Dedíquense a otra cosa, ya que embestir a sus maestros no reportará ninguna trascendencia en ningún área de su vacía existencia!

 

Ninguna evolución, ni individual ni colectiva fue entregada “gratis”. Aún en el Jardín del Edén, Dios puso al hombre “para que lo cultivara y lo guardara” (Gn.2:15). O sea que desde el comienzo mismo nada fue gratis. Ciertamente que lo que viene sin “nada a cambio” es parcial, precisamente lo contrario al aprendizaje y lo que el mal desea; o para peor, lo que el mal se cobra astutamente por otro lado y con intereses (tiempo, emociones, relaciones, circunstancias, pereza, etc.).

En mi experiencia personal, cada vez que a alguien se le concedía la posibilidad de estudiar sin pagar, la devolución  era que no venía, o no estudiaba, o no le importaba, o cuando lo hacía formulaba preguntas de clases muy pasadas ralentizando el ritmo de los demás y del programa, etc. 

 

Sin embargo, ahora, hay cientos de videos y tutoriales por Internet “gratis”, miles de entradas escritas en todos los idiomas y desde todas las extracciones culturales y religiosas, los cuales en mayor o menor grado de seriedad brindan información. 

De la misma forma, los maestros a los que me refería antes se toman el trabajo de publicar posteos, casi diariamente (y gratis); además de  contestar cientos de preguntas sin costo, como sostén posterior de sus cursos, lo cual lleva horas de escritura; participan de reportajes, escriben libros, se ocupan de sus propios estudios (por los cuales deben pagar, conseguir las fuentes, traducir); además de su familia, vida social, pagar impuestos, ir al médico, etc. 

 

Por eso quiero compartir un editorial que escribí en “Oraíta” -separata de la Revista La Luz, de Buenos Aires-  en el año 2003 (!)

 

Hace rato que el concepto "gratis" necesita ser revisado. Es ciertamente un tema inconveniente, incómodo, que debe ser abordado sin demoras y seguramente mucho más amplio de lo que nos permiten estas líneas.

 

Mucha gente cree que determinadas instituciones o maestros, por estar ligados a lo espiritual, religioso, artístico o educativo están obligados a ofrecer servicios en forma gratuita.

Si bien esto es parcialmente cierto en circunstancias específicas, es igualmente verdad que las instituciones y maestros necesitan dinero material para sostenerse. Los impuestos, gastos de personal, el mantenimiento edilicio, la adquisición de herramientas de trabajo o estudio, textos originales o elementos inherentes a los rituales, al mismo tiempo que la educación superior, tiempo invertido, viáticos, servicios complementarios, etc. se pagan en dinero.

Por mucho que no estemos de acuerdo y nos sintamos incómodos, éstas son las reglas de juego del sistema en el que estamos inmersos. Cambiarlas será tema de otro debate.

 

En una escala mucho menor a lo institucional establecido, se encuentran los profesores particulares o centros de estudio en donde se dictan clases y cursos, como en nuestro caso. Con grandes esfuerzos pagamos un alquiler, casi siempre completándolo de nuestro peculio personal o sacando de otro lado para cubrir los gastos; las clases y actualizaciones  que toman los profesores son pagas, los libros -en muchos casos traídos del extranjero- se pagan en dólares o euros.

Pero al margen de estas aclaraciones, hay mucho más. Se trata de un equilibrio que debe ser mantenido, que es una premisa cabalística y espiritual de primer orden. Toda entrega debe ser compensada con la recepción, y no simplemente liberada porque no cierra el círculo de dinámica de la energía que debe ir, pero también volver, subir pero también bajar, entrar pero también salir (como hizo Rabi Akiva en el PaRDeS).

 

Esto no obsta para que se organicen charlas o encuentros específicamente gratuitos, que tienen el doble fin de promocionarse, y aparte darle la oportunidad  de participar a aquel que no puede pagar. También es potestad del profesor decidir si alguien puede participar de sus clases en forma gratuita. En nuestros cursos por lo general, 3 o 4 personas asisten sin pagar,  a quienes se les entrega el material (por el cual hubo que pagar) como a cualquier otro alumno que paga puntualmente.

 

De tal manera que nos parece muy injusto y desubicado cuando la excusa "soy jubilada..." se transforma en acusación "ustedes lo único que quieren es hacer plata"; o cortan el teléfono cuando se les quiere explicar las razones por las cuales no podemos sostener más alumnos en forma gratuita, o expresan juicios de valor de bajo nivel.

 

De todas formas y pensándolo mejor, si estas personas son tan rápidas para juzgar y atacar, evidentemente no están en condiciones de iniciar estudios en ninguna disciplina espiritual;  ni mucho menos de recibir, lo que eventualmente con otra actitud podría llegarles de Arriba.

 

©Ruth Percowicz - Todos los derechos reservados