La Transformación no Sucede en un Libro

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La posibilidad de transformación y renovación, cuando se trasciende una etapa ya sea personal o cosmogónica, sugiere la existencia previa de movimientos y acciones orientados al crecimiento. 

Así, cuando llega la Luna Nueva de Libra, fecha exacta para Rosh haShaná o Año Nuevo Judío, sucede una movilización personal, o cuanto menos social, que impulsa a mantener un mayor contacto con nuestro interior y con los demás, organizar encuentros, evocar con nostalgia momentos pasados, renovar votos y promesas; hasta en algunos casos concurrir a un servicio religioso como posibilidad de religarse con uno mismo, con la divinidad y con los demás.  

 

Esta última costumbre, dramáticamente adornada en las últimas décadas, se basa en el ritual descrito en el Majzor (o libro de rezos para Rosh haShaná y Iom Kipur).

Es interesante observar que numerosas oraciones han sido permeadas por la Cábala, por ejemplo, encontramos una meditación mística previa al soplido del Shofar, en la cual a la intención de efectuar la Unión entre el Santo y la Shejináh, se le suma el concepto de una Corte Divina con un fiscal general personificado en Satán. Cuando suena el Shofar su estridencia asciende a los Cielos confundiendo al Satán permitiendo por lo tanto que el Atributo Divino de la Misericordia prevalezca. Esto se lee en forma de acróstico bíblico “Kera Satán”.

Entre muchos otros temas ligados a la Cábala se halla el recitado de los 13 Atributos Divinos y citas textuales del Zohar.

Sin embargo,  la plegaria estandarizada al igual que las meditaciones y fórmulas que figuran en un libro y se pronuncian o manipulan sin conocimiento o por convención social, aún en fechas astrológicamente favorables, son nada más que una elaborada fantasía egoica de mejoramiento de las circunstancias personales, alejadísimas de la profunda  transformación propuesta que de ninguna manera surgirá por la sola concurrencia física a un espacio en común, en donde (en general), convergen el reforzamiento de la falsedad y una repetición vacía de contenido.

Lamentables casos de que hay que concurrir al servicio religioso (o repetir cierta fórmula!) porque van a estar todos los proveedores y clientes, o porque queda bien, o porque el papá le dijo, o por las dudas, terminan en un definitivo alejamiento de las raíces, búsquedas espirituales y re-unión con el Ser Superior. 

En este sentido será mejor quedarse en casa y hacer una muy buena meditación con toda la pasión o “jeshek” (deseo), o salir a admirar la obra de la Creación y mantenerse en profundo silencio generando “devekut” (o apego), o bucear en el interior, muy adentro nuestro con absoluta transparencia y honestidad. 

 

Por eso, quienes estudiamos Cábala en forma consistente, especialmente en Año Nuevo y como intento de equilibrarnos, nos hacemos preguntas e intentamos contestarlas incluso por escrito (con fecha) como ejercicio espiritual, depurando de nuestro interior, cual secreta confesión, aquellas áreas en las que Satán anduvo visitando. 

 

Algunas preguntas, previa honda inspiración,  serían:

 

¿Qué aprendí en el último año?

¿Cómo mejoré el vínculo con mi familia?

¿Cuántas situaciones dejé pasar por miedo a involucrarme?

¿Qué males surgieron por mi inactividad?

¿Qué evité decir por temor a perder el afecto?

¿Cuantifique el tiempo perdido en vanidades?

¿Cuántas veces hablé sin necesidad?

¿Cuántas veces dije mentiras?

¿Cumplí mis objetivos del año pasado?

¿Para qué estoy vivo?

 

Estos son solo algunos ejemplos, la lista suele ser mucho más larga, llevando varios días responderla. Ciertamente, ya deberíamos haber comenzado... 

 

©Ruth Percowicz - Todos los derechos reservados