Meditar sin Resultados

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Muchas personas comienzan su búsqueda espiritual mediante la lectura de libros. Esto es como una primera etapa de investigación teórica, que incluye la asistencia a clases y un picoteo parcial por diferentes disciplinas hasta conseguir una identificación -que deberá ser posteriormente profundizada- que produzca la emoción o sensación de pertenencia, alivio o respuesta precisa a la inquietud personal de cada uno.  

Todas las aproximaciones espirituales incluyen algún método meditativo o “práctico”  que favorece lo vivencial en un intento de evidenciar o in-corporar lo que se especula o teoriza. 

Así, acercarse al tema meditativo suele ser una exploración a través de las distintas formas de meditación que han tenido mayor difusión en Occidente: zazen, vipassana,  mindfulness, yoga, qi-gong, cristianas, sufíes…

 

Entonces cuando nos toca hablar de meditación judía, que se enmarca dentro de la Cábala, y que fuera amplia y sintomáticamente postergada por el sector religioso, académico/intelectual del judaísmo, encontramos que quienes se asoman lo hacen con el preconcepto de que el procedimiento es sentarse en determinada posición y repetir una cierta palabra; o relajarse, o visualizar sin más cierta letra, o relajarse e imaginar un hermoso paisaje. O la idea de que los objetivos que persiguen las demás asignaturas son las mismas que las de la Cábala porque “se trata de meditación con símbolos del judaísmo”.

 

Pues, menuda sorpresa. Esto no es así.

 

La propuesta de la Meditación hebrea es retornar a la Unidad. La Unión o integración de cada fragmento de nuestro Ser en nuestro Ser Superior. La Unión del hombre con Su Creador. La unificación de conciente con inconsciente. 

Además, ampliar la conciencia, obtener poderes psíquicos; evitar las respuestas mecánicas;  abrir nuevos surcos de creatividad y poder; reconocer y vivenciar realidades simultáneas; utilizar los mensajes de los sueños y del material inconsciente para resolver, mejorar, o aliviar la existencia; distinguir y comunicarse con seres en diferentes universos de vibración. La valentía de ser un canal dispuesto a recibir el Todo. La posibilidad de discernir -en segundos-  situaciones emergentes que podrían ser desfavorables y tener aceitados mecanismos de improvisación, adaptación y superación instantánea;  transformar efectivamente la realidad, etc.

 

Todo el contexto de la meditación con Cábala es diferente. Desde los arquetipos hebreos pasando por la preparación, hasta los métodos de aplicación y resultados son diversos.

Enraizada obviamente en el AT (Antiguo Testamento) a través de los Sitrei Toráh, o secretos de la Torá, muy anterior a la Cábala luriánica teórica medieval (aunque la incluye) y gigantesca biblioteca posterior, ya sea  canonizada, apócrifa o veterotestamentaria, la meditación que propone la Cábala es una herramienta de profundización del estado y contenido del alma (o psique) al momento de meditar. 

 

La propuesta de acceder a la ausencia total de dolor y deseos y anulación del ego,  NO FORMA PARTE de este trabajo meditativo.

En cambio, el deseo ardiente y las emociones intensas serán el motor, la energía necesaria a partir de la cual se podrá recibir potente y sutil energía, que con el conocimiento adecuado de su manipulación, producirá lo que se anhela.

El deseo, fundamento de la muy maltratada sefiráh (emanación) Iesod es la clave para una meditación con resultados;  “jeshek” (deseo, pasión) y “devekut” (apego, afición) son las emociones que se deben excitar para la elevación espiritual. Sin esto, difícilmente suceda nada.

 

La transparencia, a pesar de no tener buen marketing ni ser un pilar de muchos quienes se acercan a la Cábala, es necesaria para darse cuenta de si se está perdiendo tiempo o recorriendo el sendero adecuado: la Cábala NO ES PARA TODOS. Si bien el acceso a los conocimientos y prácticas de la Cábala está abierto a todo el mundo, no todos se identifican con los arquetipos hebreos ni mucho menos. No a todos les conmueve y les hace vibrar 

íntimamente la posibilidad de Unificación, quizás no hayan llegado hasta ese punto aún, o no les interese,  o tal vez su camino sea otro.

Y es allí, cuando la meditación no funciona. Cuando se yerra el objetivo y la energía de aproximación no es suficiente. Cuando la psique y su portentosa energía consciente e inconsciente no está calibrada y concentrada en un mismo objetivo.  

Sin este fuego interior presente, antes y durante la vivencia meditativa, los resultados serán mayormente un producto fugaz de la imaginación.

Se debe “desear” meditar, “tener ganas” de un encuentro íntimo y amoroso con el Ein Sof, independientemente de lo que resulte, “ansiar” recorrer caminos desconocidos, “aspirar” a mejorar y crecer, “anhelar” a transformarse, “codiciar” la Unidad, “propiciar” la unificación. En otras palabras, aceptar el desafío y correr riesgos atravesando mundos ocultos para conocer al Creador y expresar la divinidad en la tierra. 

 

©Ruth Percowicz - Todos los derechos reservados