Me han Llamado a Filas

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Habiéndome comprometido como comando espiritual, cada tanto, llega el momento en el que se moviliza la tropa y me llaman a filas.

Como en un toque de diana me despierto de mi sopor políticamente correcto, me visto de fajina y desviándome ampliamente de lo que vengo haciendo y de lo que se espera que haga, aplico lo aprendido y “retorno al Lugar” (Sefer Ietziráh 1:8).

Dentro de ese fresco y novedoso reparto de energías, incluida la instrucción de la Cábala Hebrea,  corro el ridículo riesgo de perder “seguidores” de los cuales menos del 4% leen mis editoriales, y seguramente un porcentaje mayor se irá a pique -con  mi nuevo encargo- entre aquellos que les interesan mis enseñanzas solo para copiar ideas, temas, gráficos y otras creatividades mías con las cuales comerciar.

 

Por supuesto, tienen opción para refritar ya sea con este material o con cualquier otro. O no. Resulta que mis clases son de Cábala Hebrea “artesanal”, o sea que me dedico a planificar cada clase, reviso las fuentes hebreas, chequeo la información, paso horas elaborando documentos gráficos y presentaciones didácticas para que se entienda y además le sea al estudiante más fácil de comprender esta compleja disciplina mística judía.

 

No sólo me impacta de los copiadores su permanencia sino que además me indignan por su desfachatez.

Una cosa es que alguien desee aprender Cábala, introducirse en un mundo diferente, profundizar, transformarse y mejorar dentro de la propuesta mística hebrea; y otra muy distinta es enseñarla y sacarla de contexto, lo que se vuelve necesario para justificar la total falta de conocimientos judaicos o del idioma hebreo. O, como mínimo hallarse en el proceso de estudio. Esa situaciión es como salir al frente sin saber manejar un arma.

 

Pero además de las vulgaridades mencionadas y echando un vistazo a la red informática mundial, veo una diferencia sintomática con otros que se dicen reclutas o eruditos maestros de Cábala: yo no reniego de mi condición de judía, ni en mis textos, ni en mis enseñanzas, ni evito cuidadosamente mencionar la palabra “judaísmo” a largo de mi página web o en mis editoriales o en mis clases (no vaya a ser que pierda un solo cliente), ni  rechazo el aspecto religioso-ritual que se esquiva en tantos casos porque “la gente no quiere religión”.

Un ritual llevado a cabo con apego y contenido es un gran y empático aprendizaje que se incorpora en mucho menos tiempo y más profundamente que estar sentado escuchando o leyendo sobre metafísica filosófica durante años.

Quisiera recordar a los turistas que leen este escrito que la Cábala es de origen judío, y que el contexto pedagógico en el que se la debe aprender y ENSEÑAR es judío. Que el texto de estudio más importante es la Toráh y después viene el idioma hebreo y recién más tarde todo lo demás.

Que ya sabemos que está lleno por todas partes de antijudaísmo, fogoneado por mentiras ancestrales y mediáticas y que la humanidad en general no puede salir de ese surco de mediocridad e ignorancia, evidenciado por los recientes, luctuosos y repetidos hechos.

Que el colectivo nacional judío se llama “Israel” del cual formo parte indivisible y que tiene mi apoyo incondicional desde la obra que el Señor me mande hacer, ya sea en combate o barriendo el balcón de mi casa. Que habrá que pasar por voraz fuego para que los judíos “entreguemos” Jerusalem (para lo cual la batalla en lo Alto se habrá perdido, en primera instancia).

 

Para alivio de algunos, y antes de partir al campo de batalla y contagiar a la tropa de volcánico espíritu, me remito a la erudición de Gershom Scholem quien refiriéndose a ocultistas de gran conocimiento que se hacían pasar por cabalistas fuera del entorno judío se refería a ellos como “charlatanes supremos” describiendo sus escritos como “pseudo-cábala”. “Muchos libros exhiben la palabra Cábala en su título y nada tiene que ver con ella” (G. Scholem, Alchemie and Kabbala). ¿Cómo catalogaría Scholem, hoy en día, a los copiadores seriales, hábiles mentirosos, autodenominados “maestros” de Cábala, que no pueden distinguir la diferencia entre Abraham y Moisés, o entre la Alef y la Bet y que ni siquiera hacen el esfuerzo? ¿O a aquellos que se autodenominan herederos de su obra y son incapaces de identificarse con su origen?

 

La superficialidad y laxitud exhibida entre algunos maestros o profesores de Cábala, imitada por los seguidores que eluden la palabra judaísmo o Israel reemplazándola sutilmente con “psicología”, “misticismo” y “esoterismo” deviene en una degradación y falsificación personal y colectiva. Es negar las raíces, es transmitir una verdad a medias, es contaminar lo sagrado y es restarse a sí mismo toda autoridad para transmitir ningún concepto vinculado con la Cábala cuyo origen, repito, es judío. Es además, poco digno para mí, y esta vez elijo yo, que quien niega su esencia o la falsifica sea, eventualmente, mi camarada en el combate.

 

©Ruth Percowicz - Todos los derechos reservados