"Millones de Moscas no pueden estar Equivocadas"

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Evidentemente, la pereza, otrora un vicio capital, se ha vuelto una virtud. Al igual que la actitud cómoda o la espera a que las cosas las haga el otro, estas conductas revisten características pandémicas que no figuran en ninguna estadística pública, desequilibrio antinatural del cual, por el momento, nadie se ha ocupado. 

 

La no-reacción, la pasividad o la indiferencia suelen ser muy confundidas con la humildad, conformidad u obediencia en la dinámica grupal, en particular si pensamos en la responsabilidad que millones de personas proyectan, en su desesperación por creer en alguien o algo que les dé sentido a sus vidas en un líder, en un artista o en un maestro.

Lo “políticamente correcto”, lo impostado, lo falso de un “líder” en general autonombrado, ha conseguido desterrar la individualidad de sus seguidores, condición necesaria para iniciar un proceso de crecimiento y eventualmente de reencuentro consigo mismo (o individuación) y fase primordial para el desarrollo espiritual; circunstancia indispensable para el Tikún haNefesh (corrección del alma) que entre todos producirá el Tikún Olam (corrección del Mundo).

 

La eterna “búsqueda del padre” y la naturaleza competitiva de la sociedad, ha elevado a lo largo de la historia a miles de líderes de poca monta a alturas que no les corresponden, asunto que saben y suelen disimular muy bien. Hallamos enjambres que se someten a los caprichos de sus extrovertidos dioses siguiendo su estela, repitiendo sus dichos, imitando sus actitudes, accediendo a sus antojos más ridículos; depositando así su propia incumbencia en el otro, que más tarde o más temprano caerá víctima de su conciencia egoica y liviandad de mérito. 

 

El líder es visto como poseedor de la verdad absoluta que emite y distribuye sin restricciones. No hay una evaluación moral ni intelectual ni espiritual. Los seguidores que reciben esta ración momentánea de justificación de su patética existencia suelen ser tratados como inmaduros, ingenuos e infantiles y sucumben al poder y la manipulación perversa, y terminan desilusionados cuando se dan cuenta de que su líder resultó ser un ídolo de barro. 

 

Nos encontramos con masas que son incapaces de ejercer un (1) pensamiento crítico, elaborar una idea genuina o diversa, o de evaluar comparativa e  independientemente sus valores, que buscan una vez más las respuestas a sus íntimas inquietudes en el afuera, en vez de adentro. Mucho peor, nos topamos con una humanidad que no sabe decir que no, que le gustan los malos olores y permanecen cerca de ellos.

 

El poco estudio, el menos discernimiento, los muchos videos, las redes sociales, la televisión (todavía hay gente que mira televisión!), coleccionar libros de autores importantes que jamás se leerán, copiar la obra de otro, repetir fórmulas trilladas forma parte de la misma vagancia. Que de repente esté lleno de “maestros” es una muestra más: la preocupación es por los discípulos que ya no existen más o por un “talmid jajam” (primer estudiante, alumno sabio, estudioso) como ya hemos advertido en este foro. 

 

Por eso hallamos que una mayoría ya adulta (trabajadora, estudiante o mantenida) deambula por la vida sin un proyecto propio, ya que siguió el de otro, sin reconocer su única y exclusiva misión para la cual encarnó en un específico momento y lugar, sin haber indagado en su interior acerca de quién es, qué lo que desea hacer con su vida; con mucho miedo a la muerte, es decir a que se pase el segmento temporal maravilloso que puede usufructuar únicamente con su propia esencia, ejercitándose en sí mismo, exhibiendo su síntesis personal y exclusiva, expresando la divinidad en la Tierra. En definitiva, con miedo a no haber vivido. 

 

Es así como ese sopor, que se expande y contagia peligrosamente tiene un enorme riesgo potencial, impulsando como moscas esa enfermedad del sueño, que precisamente invade la mente y disfraza el alma con cambios de comportamiento generando indiferencia y estados de inconsciencia que se puede comparar y traer la muerte en tantos aspectos.

 

“La multitud no quiere ni busca conocimientos, y los líderes de la muchedumbre, en sus propios intereses, intentan fortalecer su miedo y aversión por todo lo nuevo y desconocido. La esclavitud en la que vive la humanidad se basa en este miedo.” (G. Gurdjieff)

 

©Ruth Percowicz - Todos los derechos reservados