Una Verdad Incómoda

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A decir verdad, nos encanta hablar de nosotros mismos. De nuestro alma, de nuestro cuerpo, de nuestras creencias, de nuestra familia, de los avances de la humanidad y sus inaceptables estancamientos, del trabajo, del dinero,  de los errores, de las posibilidades de crecimiento, etc. En un ejercicio colectivo narcisista pasamos nuestro tiempo ensimismados en el “género” humano como si fuéramos los únicos seres que existen en el Universo infinito.

Somos una muy pequeña (y no muy evolucionada) forma de vida en un Universo superpoblado.

La corta visión y más corta concepción de que Todo lo que sucede es exclusividad humana es la más flagrante demostración que nos hallamos sumergidos en el Iesod (o ego) macrocósmico, con arrogantes pretensiones de iluminación “Tiferética” (el Ser Superior).

 

Sin embargo, si uno realmente creyera lo que está escrito en la Biblia, por ejemplo, hay unas cuantas conclusiones incómodas que deberíamos comenzar por aceptar. 

Para empezar, Dios o el Ein Sof (Ser Infinito) es presentado como un “Ser” o “Forma de vida” extraña, una “entidad que NO ES de esta Tierra” (o sea es, “extraterrestre”). No le cabe ninguna definición humana posible. Sangrientas guerras a lo largo de la historia de la humanidad se han librado en nombre de un Ser que no se ve ni se toca, que está omnipresente y que, además, es “extraterrestre”.

Luego, la meditación y el rezo, se supone que es un método de comunicación con Dios cuyo destino concreto desconocemos o queda “fuera de la Tierra” (o adentro?). ¿Qué lugar es ese? ¿Cómo y a dónde viajan las meditaciones exactamente?

Además, las Tablas de la Ley (esas que son la base de la Jurisprudencia Occidental)  fueron entregadas a Moisés; pero… ¿de dónde salieron? Acaso se refiere a algún tipo de agujero negro que se abrió a una dimensión paralela, o que sirvió de puente a través del espacio hacia la Tierra?

 

La doctrina científica, basada en que todo el Universo está regido por las leyes de la Naturaleza, con rígida y puntillosa exactitud, siempre visto desde afuera y pragmáticamente parece cierto pero… ¿qué nos hace sentir tan arrogantemente seguros de que comprendemos las leyes de la Naturaleza?  Ciertamente que a la luz de los recientes sucesos, se evidencia que entendemos muy poco y mucho menos de lo que estamos dispuestos iesódicamente  a admitir. 

Esencialmente, ¿cuántas fuerzas naturales externas o internas,  desconocidas y sin evidencias, que la ciencia no reconoce nos están influyendo en este preciso instante? 

Antes de sentirnos incómodos y desmerecer este planteo por ridículo, ignorante o “metafísico” deberíamos reconocer que existe en el Universo mucho más de lo que creemos. Lo que hoy es catalogado como “sobrenatural” mañana puede formar parte de la ciencia cotidiana.   

 

Los Sabios explican que el género humano tiene una muy larga y antigua historia de relaciones con entidades de otros mundos, que se pueden hallar en el interior o en el exterior, ya sean de esta dimensión o de otra. Existen registros bíblicos muy claros que expresan esto y la literatura parabíblica no hace más que reforzarlo permanentemente.

Por eso, si queremos avanzar en nuestro crecimiento personal,  evolución general , hallar nuestro poder y respuestas debemos indagar en nuestro interior, releer lo escrito y darnos cuenta de qué cosas fueron forzadas a ser desestimadas y olvidadas. En algunos casos, se trata tan solo de leer desde un contexto más amplio e interpretar desde lo profundo, cuestionarse, no quedarse con la primera conclusión a la que llegó cierta autoridad y darla por válida para siempre y para toda la humanidad. En otros casos será la utilización de energías latentes en nuestro interior que se hallan adormecidas para acceder a dimensiones de conciencia elevada. 

Incluso subjetivamente es posible elevar el contenido energético de la psique a través de la libido. En lenguaje de la Cábala posterior, la combinación de las sefirot (emanaciones) Tiferet y Maljut. Y esto no es nada nuevo; es muy antiguo (y además, está escrito). 

Quien puede acceder a su propio campo energético puede acceder a todos los demás.

 

Para desplegar nuestro potencial interior y poderes psíquicos, para la comprensión aumentada, para refrescar viejas fórmulas y evidencias más allá de lo humano, es necesario trabajar con las energías de la naturaleza, las energías de la mente.

Desarrollar nuestros poderes internos mientras la ciencia intenta explicar lo de afuera es la clave para abrir experiencias en dominios que mitológicamente denominamos espirituales. Porque todo es Uno, entonces también lo espiritual es además científico y concreto. 

 

Sólo debemos revisar nuestra relación con ello, aprender a redefinirlo e incluirlo en nuestra comprensión de la ciencia y el Universo. 

 

©Ruth Percowicz - Todos los derechos reservados