Un Toque de Diana para la Humanidad Dormida!

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Estamos transitando el mes hebreo de Elul, el último que conduce al Año Nuevo Judío.

Todas las mañanas de esta lunación se toca tradicionalmente el Shofar, en preparación para esas magnas fechas en las que rendiremos cuentas, y pediremos se nos confirme para un año de salud y felicidad. Evidentemente, para el año que aún estamos transitando, las cuentas no dieron bien. 

Maimónides describe el sonido del Shofar como una llamada✽ para despertar aquellas partes nuestras que se hallan dormidas, de tal manera de despabilarse de la complacencia y retornar al camino de la acción y la contienda contra el mal. 

 

Por ejemplo, quedarnos indolentes durante meses (o años!) esperando que algún laboratorio patente una vacuna ante la pandemia vigente, o permitir que ciertos líderes políticos manipulen nuestra mente a su antojo, señala que nos hallamos en un sopor vergonzante del cual podemos solo concluir que no hemos aprendido nada. 

Hay consenso entre numerosos cabalistas que en este momento se está librando una guerra cuyo objetivo final es el dominio de las mentes. Que permanezcamos dormidos y fácilmente mangoneados es, desde ya, una victoria del ejército enemigo.  

 

Rosh Hashaná y Iom Kipur son los días para profundizar internamente, trabajo que requiere preparación desde el mes anterior.

 

La palabra Elul proviene de “cosecha” según su raíz acadia, y además significa “búsqueda” en su raíz aramea, lo que nos indica que debemos cosechar las lecciones aprendidas del año anterior, tener la valentía de explorarnos interiormente y reconocer nuestros errores, pedirnos perdón a nosotros mismos para luego, desde la sinceridad del corazón, pedir perdón a los demás. 

El perdón (que es la consecuencia de un proceso en el que interviene el arrepentimiento explícito primero,  el diálogo, el reconocimiento del error frente al otro a viva voz y finalmente, el aprendizaje) podría marcar una reparación en las relaciones humanas. 

 

En este sentido, la exégesis bíblica de  Ex. 32; 34:27-28 nos enseña que Moisés sube al Monte Sinaí y permanece allí 40 días para escribir las segundas Tablas de la Ley. El profeta elegido por el Ein Sof (Dios) crea estas segundas Tablas luego de haber recibido y destruido las primeras ante el incidente del becerro de oro, de cuando con ignorancia renegamos (otra vez!) del sentido de la Unidad. 

 

Sin embargo, la diferencia entre las primeras Tablas y las segundas es clara. Las primeras fueron creadas divinamente y entregadas a Moisés por el Creador - en una revelación psíquica sobrenatural. Las segundas deben ser labradas a mano en alianza con el Uno, a través de un largo proceso de perdón y reconciliación. 

 

Así, también se nos enseña que la revelación pura espiritual puede ser milagrosa y sublime, pero no necesariamente perdura en el tiempo. En cambio, los despertares que llegan desde la densidad de lo inferior, a través de nuestro esfuerzo dirigido e intención, o mediante  nuestra adhesión a la práctica espiritual, o  nuestro compromiso a la acción permanecen vigentes a lo largo de  nuestra vida. Su persistencia nos demuestra que hemos aprendido.

 

Elul es la oportunidad para comprometerse con la acción y la práctica espiritual.  Elul (אלול) desde la Cábala puede traer entendimiento, discernimiento y todas las cualidades de la sefiráh “Biná” (בינה) ya que comparte su Gematria (67); inspirando además, la cualidad femenina de la comprensión duradera con la cual nos involucramos al bucear en nuestras honduras. 

 

Es la oportunidad adecuada, con la asistencia de los astros, además, de hacer Hitbodedut (o meditación) pasando tiempo en solitario y conectándonos con el espejo divino de la Naturaleza, que resuena en un toque de diana para la acción y la conexión espiritual. 

 

✽(Mishné Toráh, Hiljot Teshuváh 3:4)

 

©Ruth Percowicz - Todos los derechos reservados